lunes, 22 de agosto de 2016

CANTABRIA, VIAJANDO ENTRE VERDE Y AZUL (SEGUNDA PARTE: COMILLAS)

Ya hace una semana que regresamos de nuestras mini-vacaciones y mi depresión postvacacional sigue presente. Se acerca el final del verano y es en este momento cuando comienzo a arrepentirme de no haber hecho todas las cosas que tenía en mente. Esto es como lo de los propósitos de cada Nochevieja: habrá que esperar al verano que viene para ver si por fin realizo todos los planes que me quedan pendientes.

Pero vamos a lo que nos concierne, que me empiezo a ir por las ramas enseguida. =).

La anterior semana os hablaba un poco de los dos primeros días de mis vacaciones por Cantabria, y es justo en el ecuador de ellas por donde me gustaría comenzar hoy. Si recordáis... hablábamos de Santillana del Mar, de Suances, de Torrelavega... Aún nos quedan algunos lugares muy bonitos de los que hablar (y todos los que nos quedan por visitar y que espero que lo hagamos muy pronto).

Plaza de Comillas
Amanecimos el tercer día, de nuevo en nuestro hotelito de Viveda. Cargamos las pilas con otro desayuno típico y esta vez nuestros planes nos iban a llevar un poquito más lejos: a San Vicente de la Barquera. Habíamos oído hablar de este lugar en multitud de ocasiones, más aún desde que el famoso cantante David Bustamante presumiera constantemente de pueblo en la tele, y teníamos muchas ganas de conocerlo. Estábamos a tan sólo 30 kilómetros y no podíamos dejar pasar la oportunidad. Era 15 de agosto, fiesta nacional y momento cumbre de las vacaciones de verano. Y se empezó a notar desde que entramos en la autovía. En una rotonda a unos 2 kilómetros del pueblo ya se empezaban a encontrar coches aparcados en los laterales y las retenciones ocupaban kilómetros. 

Cambio de planes inesperado. Cogimos la rotonda y decidimos retroceder, volver por donde habíamos venido. Había que pensar algo rápido y la intuición nos llevó a otro de los municipios estrella de veraneo en el norte: COMILLAS. Como era de esperar todo estaba abarrotado y como en anteriores ocasiones pasamos un buen rato buscando un lugar donde poder aparcar. Todo estaba completo: parkings públicos, privados, zona azul, aparcamientos libres... todo lleno, pero al final encontramos un huequillo. 

Lo primero que hicimos fue acudir a la oficina de turismo (desde que estudié Información Turística tengo pasión por estos emplazamientos). Y decidimos coger el Tren Turístico para hacer una visita panorámica y hacernos una idea de qué visitar más profundamente. Este tren sale cada media hora frente al Palacio de Sobrellano y por dos euros por persona se puede hacer un tour de unos 20 minutos por los principales puntos de la ciudad. Vamos a hablar un poco de los lugares más importantes que conocimos:

Al fondo el Palacio. Al frente, una servidora. 
- PALACIO DE SOBRELLANO: fue construido entre 1882 y 1888 por encargo del primer Marqués de Comillas, que hizo el encargo a Cristóbal Cascante. Se engloba dentro del conjunto artístico compuesto por el propio palacio y la capilla-panteón. Mezcla varios estilos y tendencias, como el gótico inglés o neogótico, el veneciano y el mozárabe, pero a simple vista no da mucho aspecto de gótico. Su fachada es espectacular construida principalmente de piedra, y en su interior, parte del mobiliario fue diseñado y construido por el propio Gaudí.

Como curiosidad, podemos decir que fue el primer edificio español en utilizar la luz eléctrica, porque el marqués dio la orden de instalarla en sus estancias durante una de las visitas del rey Alfonso XII (gran amigo del marqués).

Actualmente pertenece al Gobierno de Cantabria y se utiliza como museo. También ha sido escenario de varias películas españolas, donde cabe destacar Altamira, protagonizada por Antonio Banderas y que se estrenará muy pronto.

- CAPILLA PANTEÓN: situada entre el Palacio de Sobrellano y el Capricho de Gaudí. Antonio López y López (Marqués de Comillas) nació en Comillas pero pronto viajó a Cuba donde pasó varios años. A su regreso se instaló en Barcelona pero a menudo visitaba su pueblo natal, sobretodo en verano. Cuando regresó de Cuba su fortuna se había visto aumentada con importantes empresas como la Compañía Trasatlántica, el Banco Hispano Colonial o la Compañía de Tabacos de Filipinas entre otros. Esto le situó en la cumbre de la economía, política y social española de la época (siglo XIX) y permitió situar a Comillas como uno de los principales centros artísticos, con la llegada de importantes arquitectos, sobretodo catalanes.

A la derecha, el Palacio. A la izquierda, capilla - panteón.
La Capilla-Panteón fue el primer edificio modernista que se construyó en Comillas y en una intención inicial, iba a estar directamente unido mediante un voladizo con el Palacio, pero la muerte del primogénito del Marqués y posteriormente la de su hermana llevó a cambiar los planes y hacer ambos edificios por separado. También es de estilo gótico y se construyó prácticamente en un año. También fue inaugurada en 1881 durante la visita de Alfonso XII y su esposa María Cristina.

Impresionante por fuera y por dentro, con importantes obras escultóricas y bajorrelieves en los panteones, hermosas vidrieras policromadas y el mobiliario de Gaudí, entre otros. En la actualidad, tal y como pidió el propio Marqués, se sigue enterrando aquí a su familia y todos los años, el día de San Antón se celebra una misa. 

- UNIVERSIDAD PONTIFICIA: Con la construcción del conjunto de Sobrellano, el Marqués de Santillana sólo tenía pendiente construir algo que le llevara "directamente al cielo". Es por ello que mandó construir lo que iba a ser un gran centro docente pero que finalmente se destinó a Seminario de Pobres y posteriormente se convirtió en Universidad Pontificia. Una vez más, fue obra del arquitecto catalán Martorell y estuvo dirigida por Cristóbal Cascante.
Fachada de la Universidad Pontificia de Comillas.

Dirigida por los jesuitas se utilizó un modelo docente que ya triunfaba desde el siglo XVII. De hecho, su disciplina hizo que se desplazaran hasta aquí varios seminaristas procedentes de todas las diócesis españolas, hispanoamericanas y Filipinas. Con su crecimiento se fueron agregando edificaciones anexas y nuevos estudios, llegando a ser una de las universidades más importantes, no sólo de España, sino de Europa.

La sede de la Universidad Pontificia se trasladó a Madrid, y los edificios originales de Comillas actualmente pertenecen al Gobierno de Cantabria, que está tratando de rehabilitar el Seminario Mayor (edificación más importante) para darla un uso de investigación de la cultura y la lengua española.



Casa del Duque entre niebla
-  CASA DEL DUQUE DE ALMODÓVAR: Fue construida entre 1899 y 1902 en un claro estilo inglés dada la admiración que la burguesía de Comillas profesaba hacia el mundo anglosajón. Esta casona asentada sobre un alto fue proyectada por el arquitecto Francisco Hernández Rubio y sirvió como vivienda de los Duques de Almodóvar del Río y Marqueses de la Puebla de los Infantes (Manuel Sánchez y Gutiérrez de Castro y su esposa, Genoveva de Hoces y Fernández de Córdoba), amigos íntimos del Marqués de Comillas. Es una construcción que poco tiene que ver con el resto de construcciones que encontramos a su alrededor.  

Construida sobretodo en madera y ladrillo tiene un marcado carácter gótico que nos recuerda mucho a esas mansiones típicas de las películas de terror. De hecho, muchos han sido los directores de cine que han aprovechado esta sensación terrorífica que inspira tanto en el exterior como en el interior (aún se conservan sus muebles, cuadros y demás menaje casi intactos) para desarrollar sus películas en torno este edificio. Concretamente son 21 los largometrajes que han dado lugar a desarrollar una ruta temática para los más cinéfilos. Caben destacar conocidos directores de renombre como Eusebio Fernández Ardavín, Narciso Ibáñez Serrador, Juan Antonio Bardem, Pilar Miró o Mario Camus entre otros. Y entre las películas más conocidas que se rodaron aquí caben destacar: Fuga de Cerebros 2, la Herencia Valdemar (que por cierto, la echaron ayer en la tele) o Sexykiller, morirás por ella. Además de este uso como escenario de película, en la actualidad se utiliza para celebrar bodas y otros eventos.

La verdad es que el día que nosotros lo visitamos había bastante niebla, lo que dotaba a este edificio de un "morbillo" raro que hacía que quisieras saber más y más anécdotas acerca de este misterioso lugar. 

Casa - Mansión del Duque a lo lejos
Cementerio gótico a lo lejos
- CEMENTERIO: es el cementerio más bonito que he visto nunca, y quizá, el más impresionante de España. Además de su interesante historia, en su interior se albergan impresionantes esculturas y mausoleos que no pasarán desapercibidos para nadie. De un claro origen gótico y cuya fachada ha sido declarada Bien de Interés Cultural, el cementerio de Comillas se sitúa en una colina con vistas a la costa y se alzó en el mismo lugar donde se ubicaba una iglesia que fue abandonada en el siglo XVI. Desde entonces y hasta 1893 fue utilizado como cementerio municipal y a partir de esa fecha fue necesario realizar una ampliación de la que se encargaría el famoso arquitecto modernista Lluís Doménech i Montaner, que sobretodo, trató de conservar las ruinas de su interior.

Fachada principal del Cementerio de Comillas
En la actualidad se ha puesto muy de moda practicar el necroturismo, o para que todos nos entendamos, visitar cementerios. Pero en este caso, los visitantes buscan algo más que el simple morbo ya que el interior del cementerio está repleto de mausoleos con bastantes décadas de antigüedad.

Presidiendo este cementerio encontramos la figura del Ángel Exterminador o Ángel Custodio que tiene su historia y además es uno de los símbolos más conocidos de la ciudad (de hecho, en el restaurante donde comimos posteriormente pudimos ver un cuadro del mismo). Representa a Abadón (en griego Apolión), personaje del Apocalipsis y que en hebreo quiere decir: destrucción, predicción o ruinas. Se dice que encadenó a Satanás por mil años, y que fue el que invocó a Moisés a enviar las lluvias que arrasaron Egipto. Su escultor fue el catalán Josep Llimora y en un principio iba a presidir la tumba del primogénito del Marqués de Comillas, pero finalmente se donó al pueblo y se situó en lo alto de lo que hubiera sido el cabecero de la iglesia.

Es maravilloso disfrutar de la solemnidad y el silencio que se respira entre estas paredes, roto simplemente por el oleaje del mar de fondo.

Tras terminar este tour en el tren, nos fue difícil decidir a cuál de todos estos lugares íbamos a entrar pero al verlo lo tuvimos claro: el CAPRICHO DE GAUDÍ se escondía a la vuelta de una esquina y su curioso diseño y su conocido nombre nos llevó a su interior. Por tan sólo 5 euros teníamos derecho a la entrada y visita libre por todo el recinto y a una visita guiada que se hace cada hora dentro del mismo.

Vistas desde el lado opuesto del jardín
Lo primero que hicimos fue dar una vuelta de reconocimiento por todo el recinto, pero en cuanto llegaron las 16'00h. acudimos al hall principal y punto de encuentro para comenzar la visita guiada. Una simpática guía llamada Verónica comenzó haciendo una ronda rápida entre todos los asistentes para conocer nuestra procedencia: Italia, Francia, Barcelona, Santander, Valencia, Salamanca y Valladolid fueron algunos de los lugares que salieron. Hecho esto, pronto comenzó con las explicaciones de manera muy didáctica y muy dinámica, y lo hizo con una introducción histórica.

El Capricho de Gaudí se sitúa junto al conjunto de Sobrellano, pero a pesar de ser de la misma época (a penas hay unos 7 años de diferencia entre la construcción de ambos) su estilo, aunque modernista, es muy diferente. Junto a otra en Astorga, el Capricho es una de las pocas obras que Gaudí proyectó fuera de Cataluña.

La historia nos dice que en el año 1883, Máximo Díaz de Quijano (cuya hermana estaba casada con el hermano del Marqués de Comillas; para que lo entendamos, era el cuñado del hermano del Marqués) al igual que el propio Marqués también se enriqueció tras su viaje a las américas. Tal fue este enriquecimiento que tras conocer Comillas decidió hacerse una residencia veraniega en este mismo lugar y junto al palacio del marqués. Encargó esta construcción al afamado arquitecto Gaudí, quien a su vez se encontraba inmerso en la construcción de la Casa Vicens de Barcelona. Cuentan que fue el propio Gaudí quien proyectó los planos de esta casa pero que él no estuvo en Comillas durante su construcción, si no que fue su amigo Cristóbal Cascante quien se encargó de ello. Resulta difícil de creer que Gaudí  nunca estuviera allí porque esta casa desarrolla muy bien los acabados y todos los detalles que el propio arquitecto dictó, de hecho las malas lenguas (o buenas) sí que dicen que aunque sólo fuera de paso cuando viajaba a Santiago de Compostela, sí que estuvo en este lugar.
Torreón del Capricho visto desde abajo.
A simple vista se puede intuir un Gaudí joven que poco tiene que ver con el Gaudí del Parque Güell o con el de la Sagrada Familia, aunque ya dejaba entrever cómo sería el Gaudí del futuro. Sobretodo por la aparición de elementos mudéjares, o en la zona del jardín del Capricho donde encontramos unas escalinatas que nos recuerdan mucho a las del propio Parque Güell de Barcelona.

Ala este de la casa.
Ventanales del dormitorio.
Esta casa hace honor a su propio nombre, ya que no sólo fue un capricho para su dueño (quién no llegó a verla finalizada), sino para el propio Gaudí, quien creó una casa hecha al detalle y sin dejarse nada en el tintero. Esto ya puede verse desde la entrada, en la que las cuatro columnas que la flanquean nos marcan los cuatro puntos cardinales. Digamos que Gaudí fue tan perfeccionista con esta casa que la misma está construida siguiendo estos puntos cardinales: de este a oeste; desde la salida del sol hasta su puesta; de manera que las habitaciones van ordenadas según las tareas que se van haciendo a las diferentes horas del día. Para que nos entendamos bien: la habitación que se sitúa justo en el este es el dormitorio (primer lugar al que llegará la luz del sol), seguida del baño, de la sala de estudio, del comedor...y así sucesivamente hasta alcanzar el oeste, lugar donde el sol se oculta y en el que se sitúa el cenador y la sala de fumadores (sala que se supone que utilizarían después de cenar).

Pero Díaz de Quijano era un gran amante de las plantas exóticas que trajo a España después de su viaje a Cuba. Por ello, construyó un gran invernadero y el propio Capricho tiene forma de U porque quería proteger este invernadero (orientado hacia el sur) de los vientos del norte.

También muy presente en este Capricho es la pasión de Díaz de Quijano por la música. Él era pianista e incluso componía sus propias obras (como música que soy, esta es la parte que más me gustó). Ya desde la entrada puede apreciarse presencia musical: en su fachada vemos reflejado un pentagrama hecho de cinco franjas de pequeños azulejos con forma de girasoles y hojas. Como todo pentagrama ha de tener una clave de sol. A Gaudí tampoco se le pasó este detalle y una de las barandillas del piso superior podemos verla decorada con claves de sol metálicas. Tampoco se olvidó de las notas musicales, y en otra de las barandillas podemos ver puntas redondas que simulan corcheas. Pero esto sólo es el principio de una casa llena de secretos musicales (algunos que se aprecian a simple vista pero otros...son más rebuscados).
Pentagrama simulado con franjas de azulejos.
Ornamentos en la barandilla simulando corcheas musicales.
Decoración en la barandilla con forma de clave de sol.
Más relación con la música encontramos en las vidrieras interiores del aseo, en las que encontramos una libélula con una guitarra y un gorrión sobre un órgano (animales también muy relacionados con Máximo y con Gaudí). También en la sala de música en la que el mismo Máximo disfrutaba de grandes obras o incluso practicando con el piano encontramos dos balcones (uno a cada extremo) con un banco mirando hacia dentro con la intención de que incluso desde fuera la música del interior se escuchara perfectamente. Las ventanas del mismo cuarto, tienen un sistema de poleas que al subir o bajar las ventanas emiten una agradable musiquilla como campanillas y cada ventana está afinada de diferente manera.
Escaleras y puente en el jardín que recuerdan al Parque Güell.
Como ven, esta casa estaba diseñada a la perfección. Cada ventana se abre y se cierra de diferente manera, pero siempre aprovechando al máximo el espacio. Una verdadera lástima que el propio Díaz de Quijano no pudiera disfrutarla todo lo que a él le hubiese gustado. Decidió trasladarse aquí rápidamente, aun cuando la casa no estaba finalizada, pero cuando regresó de Cuba lo hizo con una enfermedad cirrósica avanzada y a los pocos días falleció sin esposa ni descendencia. (La malas lenguas cuentan que esta enfermedad fue fruto de la mala vida que llevó en Cuba). Su herencia pasó a su hermana (la cuñada del Marqués), pero al poco tiempo falleció y pasó a sus sobrinos. Así que aunque la casa había sido diseñada para una sola persona, en realidad aquí llegaron a vivir familias con varios hijos haciendo varias reformas, hasta que al finalizar la Guerra Civil fue abandonada y así siguió a pesar de que en los años 60 fue declarada Bien de Interés Cultural. Parte de su patrimonio se perdió puesto que la gente entraba como perro por su casa y se llevaba mobiliario, cuadros, pomos de puertas, azulejos, etc. En los años 70 en ayuntamiento de Reus (lugar de nacimiento de Gaudí) quiso llevarse esta casa allí, pero se desestimó la propuesta por ser casi imposible trasladarla, así que un tiempo más tarde, la última descendiente de los Quijano, Pilar Güell Martos, decidió vender la propiedad a un importante empresario, Antonio Diaz, que lo convirtió durante 20 años en un restaurante. Los suelos y las puertas que aún se conservaban originales sufrieron bastante durante esta última etapa, hasta que finalmente en 2009 fue convertido en museo y se reformó y restauró gran parte de ella.


Por fortuna, aún hay gente con conciencia por el patrimonio y ve más allá del dinero. Y gracias a ello, en la actualidad podemos disfrutar de este increíble lugar que no pasará desapercibido para nadie.

Con Gaudí posando. =)
Caminando por el jardín, en un banco de piedra resguardado del sol encontramos al propio Gaudí, que cada día tiene que hacerse mil fotos con todos los curiosos que pasan por este lugar y que no quieren marcharse sin su retrato con el arquitecto. 

Y hasta aquí nuestra agradable visita a la villa de Comillas. Un sitio que yo tenía como el típico lugar de turismo de sol y playa, pero que como ven, va mucho más allá. De hecho, nosotros ni siquiera tuvimos tiempo de mojarnos los pinreles. Preferimos aprovechar el día de otra manera y empaparnos un poquito de la cultura cántabra.

De nuevo, espero que os haya gustado esta entrada y que os animéis a conocer este lugar (o si ya lo conocéis, a visitarlo de manera diferente). Yo creo que repetiré seguro.

Y muy pronto.... más cositas.

Un abrazo viajero. =)

miércoles, 17 de agosto de 2016

CANTABRIA, VIAJANDO ENTRE VERDE Y AZUL (PRIMERA PARTE)

Hace un día que he vuelto de mis vacaciones y aún con la depresión postvacacional me gustaría comentaros cómo fue este viaje por una tierra que me encanta. Mira que amo a mi Castilla, pero acostumbrarse al cambio de paisaje me resultó tan fácil... Acostumbrada a mirar a lo lejos y ver tonos muy hermosos pero tristes a la vez... Esos tonos amarillos y marrones que nos recuerdan que estamos en tierra de Campos de Castilla, paisajes que nos evocan a alguno de los textos del famoso autor Antonio Machado. Es como si una línea imaginaria hiciera frontera entre amarillos y marrones, y verdes y azules tan característicos de los paisajes del norte. 

Apenas tardamos unas dos horas en cruzar esa línea imaginaria y pronto empezamos a sentir como un nuevo aire. Puede que  sólo fueran las ganas de llegar a nuestro destino, o puede que sea cierto eso de que a veces es necesario "perder el norte", o al menos, perderse unos días por el norte... 

El motivo principal de nuestro viaje fue acudir a un festival de rock que se celebra cada año en la localidad cántabra de Torrelavega, pero el resto del tiempo lo invertimos en hacer otro tipo de cosas; muchas cosas; digamos que invertimos maravillosamente los pocos días que teníamos.

Para la ocasión escogimos un pequeño hotel en Viveda, una pedanía perteneciente a Santillana del Mar. Podríamos decir que estábamos en medio de la nada y a la vez muy cerca de todo. A tan sólo 5 kilómetros de Santillana y de Suances (dos de los municipios más turísticos de la zona) y a unos 25 km de otras localidades importantes como San Vicente de la Barquera y Comillas. En Viveda...la verdad es que había poco que ver: un pequeño centro comercial, un par de bares como los de antaño y un carril bici bastante concurrido que enlazaba con Suances. 

Casas abalconadas de Santillana del Mar
El primer día y antes de asentarnos en Viveda hicimos un alto en el camino para "turismear" un poquito y degustar la gastronomía cántabra (con bastante buena fama) en Santillana del Mar. Hace unos 7 u 8 años también estuve en este mismo lugar, y aunque no lo recordaba muy bien, había  lugares y anécdotas que aún no se me habían olvidado, como por ejemplo eso de que es la villa de las tres mentiras: ni es Santa, ni es llana (más bien todo lo contrario) ni tiene mar. Tras varios minutos buscando aparcamiento, optamos por el parking público de pago, donde por 2 euros todo el día tenías la posibilidad de dejar el coche vigilado y en la sombra. Y así nos conducimos por la empedrada calle del Cantón, una de las principales, que nos condujo hasta la Colegiata de Santa Juliana, construcción de origen románico considerada como la más importante de Cantabria. Decir que el casco histórico artístico es muy hermoso, está muy bien cuidado (todas sus calles son exclusivamente de uso peatonal) y su estructura recuerda mucho a la de algunos pueblos castellano-leonenses como Pedraza, Puebla de Sanabria o La Alberca. Muchas de sus casas datan de los siglos XV a XVII y entre ellas cabe destacar una casona gótica, del siglo XV que perteneció a la madre del primer marqués de Santillana (a los frikis de Águila Roja como yo, este marqués os resultará familiar). Muy curioso es encontrar ofertas en casi todos los establecimientos en los que se ofrece un vaso de leche fresca y un sobado pasiego.

Fachada principal Colegiata de Santa Juliana (Santillana)
Y así, caminando por estas empedradas y empinadas calles, llegué a una pequeña tienda-museo que había conocido en mi anterior visita y que tenía muchas ganas de enseñar a mi acompañante: el Museo del Barquillero. Esta particular exposición emplazada en una de las casonas nobiliarias de la villa (concretamente la casa de la Archiduquesa Margarita de Austria) nos traslada a un pasado no muy lejano, quizá época de nuestros abuelos o nuestros padres, mostrándonos juguetes antiguos, máquinas de hacer música, herramientas y todo tipo de aperos antiguos (si algo me encantó fue ver una antigua baraja de las cartas de las Familias, esas con las que tantas veces he jugado con mi madre y mi hermana y que guardo como oro en paño). Pero si cabe destacar algo son los elementos que dan nombre al mismo museo: planchas, moldes, prensas y otra maquinaria para elaborar barquillos y los famosos "pirulís" que seguro que como yo, muchos de vosotros habéis dejado sin terminar en bastantes ocasiones. A continuación os dejo algunas imágenes del museo:
Escultura de un barquillero
Juegos tradicionales y báscula antigua
Una de mis pasiones: antiguas cajitas de metal
Gramófono antiguo
Antiguo organillo de madera
Varias antigüedades

Ya para finalizar la jornada, fuimos a uno de los múltiples restaurantes de la villa. En casi todos ellos se puede degustar un menú a un precio bastante asequible (rondando los 14 euros) y en muchos de ellos se puede disfrutar además de unas hermosas vistas que nos trasladarán unos siglos atrás.

Así regresamos a Viveda, donde descansamos una horas en el hotel. Posteriormente pusimos rumbo al primero de los conciertos del festival: Hombres G. El plan perfecto para acabar el día con un poquito de romanticismo y una buena jarra fresca de cerveza. =)

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Sábado por la mañana, un zumito de naranja natural, una buena taza de leche con Cola-Cao y un super sobado pasiego. Mochila lista. Todo preparado para emprender un rumbo nuevo en el segundo día de viaje, esta vez destino Suances.

Mis pinreles en el agua de la playa (Suances)
Primera parada en la parte superior del pueblo, primeras fotos en un mirador con vistas al mar. Y de nuevo...varios minutos dando vueltas para buscar aparcamiento (lógico en pleno puente de agosto). Finalmente, optamos otra vez por el parking público, otros dos euros todo el día. Una ganga.

Y para comenzar la mañana...un poquito de eso que tanto anhelamos por aquí: la playa. Primero fuimos a la playa de La Concha y la verdad es que sólo pude meter los dedos del pie porque el agua estaba realmente congelada y yo soy más del agua calentito de las playas de Levante, pero aprovechamos para tomar un rato el sol y disfrutar del paisaje y del buen tiempo que hacía.

Esta es otra de las ciudades que visité en mi anterior viaje, pero era temporada baja y la verdad es que no tenía nada que ver con lo que vimos en esta ocasión.

Cuevas en las rocas. Punta del Dichoso (Suances)
Después de tomar un aperitivo y comer en uno de los restaurantes del paseo marítimo decidimos ir a dar un paseo para bajar la comida. Al final... el paseo se nos fue de las manos y terminamos recorriendo Suances de punta a punta. Subimos a un mirador desde donde pudimos contemplar la conocida Playa de los Locos. Seguimos caminando hasta alcanzar el faro, y desde allí continuamos andando varios kilómetros hasta alcanzar el extremo, justo al borde de los acantilados. Desde allí arriba todo se veía tan diferente... era como estar allí donde termina el mundo. A lo lejos... sólo mar y mar, y algo que creemos eran los lejanos Picos de Europa. Podíamos ver la Punta del Dichoso, donde la erosión del mar ha creado pequeñas cuevas en las rocas. También, un pequeño homenaje a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.

La experiencia fue maravillosa por las increíbles vistas, aunque para los miedosos de las alturas recomiendo no acercarse mucho al borde. Os dejo algunas fotillos de este día en Suances:
Vistas a la Playa de la Concha desde uno de los miradores
El mar y a lo lejos, pequeñas isletas rocosas
Vistas a la Playa de los Locos y a sus acantilados
Hotel con forma del Castillo junto al faro
Homenaje a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros
 Y de nuevo, como el día anterior, pusimos rumbo a nuestro hotel en Viveda para descansar un poco y volver a Torrelavega a disfrutar del rock del festival. En esta ocasión era el turno de Rulo y la Contrabanda como cabeza de cartel. Fue una pasada de concierto y muy especial y emotivo, abarrotado de gente, dado que el propio Rulo proviene de Reinosa, un pueblo cercano. Otra manera perfecta de terminar el segundo día de las vacaciones.

Por hoy, lo dejaré aquí, pero mañana seguiré contándoos más cosas de este súper viaje. Aún me queda la mitad. (Guiño, guiño).

Espero que os haya gustado, y sobretodo, que os sirva un poquito de ayuda si algún día decidís visitar esta zona de Cantabria. Os dejo con otra foto frente a una fachada de un comercio de Santillana del Mar que llamaba bastante la atención y que puede ser un resumen de este viaje tan bien acompañada. =) =) =)


Fachada de uno de los comercios de Santillana del Mar

lunes, 25 de julio de 2016

SEVILLA: CALOR EN PLENO DICIEMBRE, TAPEO Y BUENA MÚSICA COFRADE

Hoy me gustaría contaros otro de mis viajes especiales. Este texto lo escribí para la publicación y programa anual de Semana Santa de la Cofradía de la Oración del Huerto y la Vera Cruz de Medina del Campo, y hoy me ha apetecido compartirlo con todos vosotros, aunque con algún que otro cambio. Espero que os guste.

Como muchos sabéis (y para los que no lo sepáis os lo cuento ahora), desde hace 17 años formo parte de la Agrupación Musical de la Cofradía de la Oración del Huerto y la Vera Cruz de Medina del Campo. En realidad este proyecto comenzó como una banda de música vinculada a dicha cofradía para acompañar las procesiones de Medina del Campo (declaradas de Interés Turístico Internacional y de las que os hablaré dentro de muy poco tiempo). En la actualidad, por supuesto, continúa vinculada a esta cofradía penitencial, pero sus proyectos musicales son mucho más ambiciosos y se extienden no sólo a la Semana de Pasión, si no a todo el año y a gran parte de la geografía nacional. Por eso, quiero contaros un viaje que realizamos el pasado diciembre con motivo del Congreso Nacional de Bandas que se celebra cada dos años en Sevilla.


Comenzamos...

El 5 de diciembre de 2015 tuvimos el privilegio de iniciar una de las aventuras más emocionantes y más inolvidables que un miembro de una Cofradía y de una Agrupación Musical puede vivir. Bien entrada la madrugada nos subimos al autobús que nos llevaba a Sevilla, cuna de la música de la Semana Santa. Allí participaríamos en uno de los eventos más importantes que se celebra bianualmente en la ciudad, el Congreso Nacional de Bandas Ciudad de Sevilla. Allí se reúnen cada dos años multitud de bandas y agrupaciones musicales de toda España.

Maletas, instrumentos, trajes de gala, nervios, emoción, despedidas con los familiares y también algún que otro imprevisto de última hora. Pero por fin iniciábamos el viaje que tanto tiempo llevábamos preparando y que tanto sacrificio nos había costado. Llevábamos muchos meses realizando conciertos, actuaciones y otro tipo de eventos para recaudar fondos para esta gran ocasión, pero sobretodo, mucho tiempo de preparación del programa del viaje y de todos los actos a los que queríamos acudir. 

En unas horas llegábamos a nuestro destino y desembarcábamos en el albergue que nos alojaría durante estos días (aquí yo quiero hacer mi reseña personal: el albergue se llama Trotamundos Hostel, y desde luego, no lo recomendaría, pero eso sí, su ubicación es muy buena, en pleno centro de Sevilla). No queríamos perder detalle de la ciudad y teníamos mil planes por delante. No había tiempo que perder, así que enseguida dejamos las maletas en las habitaciones y comenzábamos la mañana visitando el conocido barrio de la Macarena. Unos decidimos hacer el recorrido a pie (pronto nos arrepentiríamos...jajajajaja) y los más perezosos prefirieron coger un bus que les dejó en la misma puerta de la Basílica de la Macarena. Vimos su impresionante altar, su preciosa imagen de la Virgen (para mi de las más bonitas de Sevilla), asistimos a una boda que se celebraba allí mismo y ya de paso aprovechamos para comprar los primeros souvenirs del viaje. Por la tarde, comenzaron las primeras actuaciones en el escenario de la Plaza Nueva y tuvimos la suerte de poder escuchar en directo algunas de las bandas de cornetas y tambores y agrupaciones musicales más populares del panorama nacional, como la AM Nuestro Padre Jesús de la Redención, la BCCTT San Juan Evangelista o la BCCTT del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, todas ellas anfitrionas.

Por la noche tuvimos tiempo libre y cada uno decidió hacer un plan diferente, pero el mío...fue la leche y nunca mejor dicho). Cenamos unas tapitas por el centro y nos acercamos hasta el barrio de Triana, donde junto al puente pudimos tomarnos un chocolate con churros en la terraza de la popular churrería que se sitúa al inicio del puente (recomiendo una porra rellena de Nutella que estaba para chuparse los dedos).

Al día siguiente y tras desayunar en el Bar El Museo, que estaba junto al albergue y que se acabaría convirtiendo en nuestro lugar habitual de encuentro por las mañanas y cuyo dueño nos trató fenomenal en todo momento, subimos de nuevo al autobús esta vez con dirección a la aldea del Rocío. Nada más llegar, entramos en la Ermita y con los vellos de punta pudimos escuchar una misa rociera que se estaba oficiando en ese mismo instante, vimos a la Virgen, aprovechamos para hacernos algunas fotos de grupo frente a la fachada principal, aprovechamos para disfrutar de las hermosas vistas que nos ofrecían las marismas y encender alguna vela. Como anécdota de la mañana... muchos de nosotros nos animamos a montar en un carro de caballos que por un módico precio nos llevaría a recorrer todos los rincones de la aldea. Fue uno de los momentos de más risas de todo el viaje.

A nuestra llegada a Sevilla tuvimos tiempo para comer y regresamos a Plaza Nueva para disfrutar de otro de los grandes conjuntos musicales, la BCCTT Los Gitanos. Poco después, todos juntos poníamos rumbo a uno de los lugares más significativos de la ciudad, la Plaza España. "¡¡Sonreid chicos!!". Esa fue la frase más repetida de aquel momento, ya que ninguno desperdició la oportunidad de tener su foto en las escaleras, en el puente, en el monumento homenaje a Valladolid o en cualquier rincón del que para mi gusto, es uno de los lugares más hermosos. Todos nos llevamos nuestra foto de recuerdo y compartimos momentos de muchas risas con los fotógrafos oficiales (padres, madres....jajajajaja) que nos acompañaban y que buscaban los mejores puntos para hacernos fotos. En esta ocasión decidimos regresar pronto al albergue y descansar, puesto que nos esperaban los días más duros y cansados del viaje.

La mañana del lunes todos nos despertamos más inquietos de lo habitual. Y una vez más, tras desayunar en el Bar El Museo, nos reunimos para ir a visitar el famoso barrio de Triana y conocer cada rincón. Era curioso y llamábamos bastante la atención porque nos habíamos hecho una cazadora polar para la ocasión y todos íbamos vestidos iguales. Al otro lado del puente, visitamos la Basílica del Patrocinio y el Cristo del Cachorro y después nos acercamos a la Capilla de los Marineros, que alberga al Cristo de las Tres Caídas y a la Virgen Esperanza de Triana. Espectaculares imágenes de la imaginería sevillana que sobretodo llamaban la atención por su diferencia con la imaginería castellana, aunque sí que es cierto que nada tiene que ver a las imágenes que procesionan bajo palio en Semana Santa (a pesar de ser las mismas). Aprovechamos el resto de la mañana para visitar otros lugares y para retomar fuerzas con un buen vino y una buena tapa en el Santa Ana, un bar mítico de la zona que habitualmente es frecuentado por los componentes del "Tres Caídas". También fuimos a hacer una visita a la tienda de instrumentos musicales de Julio Vera (personaje bastante conocido en el mundo de la música sevillana). Comimos, regresamos al albergue y...


...Y al fin llegó el momento. Dos horas antes de tiempo ya estábamos todos preparados en la puerta del albergue, el instrumento afinado, el traje de gala puesto y el gorro con su pluma, recién desembalados, dispuestos para ser estrenados en una ocasión muy especial como era esta. Nos dirigimos a Plaza Nueva, que ya se había convertido en otro de los lugares habituales de reunión y allí aprovechamos para hacernos unas fotos de recuerdo en los aledaños del lugar de la actuación, y también para posar para los turistas como si fuésemos famosos. Y allí estábamos formados, a 10 minutos de salir a actuar con los nervios que no nos cabían en el cuerpo y con las noticias que nos iban llegando de que la Plaza Nueva estaba que no cabía ni un alfiler. Era una sensación rara, una mezcla entre impaciencia, ganas, miedo, nervios... Llevábamos años deseando cumplir el sueño de tocar por las calles de Sevilla y por fin lo íbamos a cumplir. Así comenzó el pasacalles y al son de La Vida es Bella llegamos hasta el escenario. Fueron momentos indescriptibles, incluso hoy, meses después aún se me remueve algo en el estómago cuando lo recuerdo. El mejor momento, sin duda, fue ver a todos nuestros familiares a un lado, entre el público, aplaudiéndonos y gritándonos como si les fuese la vida en ello. Y ya en lo alto sonaron Andro I, A la Gloria, Nit de Llampecs y Mater Mea (marcha típica de nuestra Semana Santa castellana). Y como colofón final las famosas Oliveiras interpretadas por nuestra sección de gaitas (de la cual formo parte y me siento muy orgullosa), que hicieron participar a todo el público y que dejaron un sabor de boca inmejorable. No se me olvida la cara de sorpresa entre el público con el primer: "¡¡Eh!!" de la canción, pero pronto se animaban y nos acompañaban en los siguientes.

Cada vez se iba uniendo más gente y ya casi al final de la marcha era impresionante ver a toda la plaza levantando el brazo y gritando junto a nosotros. La gente no paró de aplaudir y de darnos la enhorabuena, ya que dejamos constancia de que aunque nuestra Semana Santa se vive con una intensidad diferente a la del sur, el nivel musical de nuestra Villa es muy alto (y por qué no decirlo, el de nuestra agrupación musical también). Tras nosotros actuó la AM Virgen de los Reyes de Sevilla. Podríamos decir que son nuestro modelo a seguir y es una agrupación a la que admiramos, y como no podía ser de otra manera, nos dejaron con la boca abierta.

Seguro que como me pasó a mi aquel día, a muchos de mis compañeros les costó conciliar el sueño esa noche pensando en todo lo que acabábamos de cumplir. Fue impresionante.

El martes madrugamos para finalizar nuestra participación en el Congreso Nacional de Bandas Ciudad de Sevilla con el desfile de clausura en el que participaron más de 50 bandas de música. Es alucinante ver cómo la gente aplaude en cada sólo, anima en cada nota y siente cada marcha interpretada. Aquí es donde sobretodo se ve la diferencia de intensidad con la que se viven este tipo de actos en Castilla y en Andalucía, aquí somos más solemnes, más serios; allí lo viven con los sentimientos más a flor de piel y el silencio se rompe con cientos de aplausos. Todo fue increíble, pero por resaltar algo, me quedo con la BCCTT del Cristo de las Tres Caídas interpretando una marcha a viva voz (Me gusta mi Triana cantando por los caminos.....), con la AM Virgen de los Reyes interpretando el conocido pasodoble Suspiros de España, o con la BCCTT Veterana de Sevilla, que como nosotros, también cuentan con una excelente sección de gaitas.
Después del desfile, de nuevo volvimos al bar El Museo. Su dueño no se perdió ninguna de nuestras actuaciones, y para despedirnos, nos preparó una excelente comida: un pedazo de cocido sevillano.

Se terminó esta maravillosa experiencia y todos regresamos a casa muy orgullosos pero con la sensación de que una parte de nosotros se había quedado en la ciudad hispalense y quizá algún día tengamos que regresar a por ella. En su día ya hicimos los correspondientes agradecimientos, pero yo, hoy, también quiero dar las gracias a todas las personas que nos acompañaron en esta experiencia (los familiares siempre ayudando y apoyando allá por donde vamos) y a los que no pudieron venir pero nos acompañaron con el corazón. A toda la gente que trabajó duro durante meses para hacer posible este viaje, ya que dedicaron mucho tiempo libre para que todo saliera genial como así fue. 

En especial, a mi padre que también es nuestro Director Musical, "Pichi", a quien dedico esta entrada, porque sé que él fue de las personas que más luchó por ver a la banda que él ha visto nacer y crecer pasear por las calles de Sevilla. Yo, por mi parte, me alegro de haber contribuido a hacer su sueño realidad.
Y por supuesto, a todos mis compañeros, ya que sin su esfuerzo y sacrificio diario esto no se hubiera cumplido. Todos los que como nosotros os dedicáis a esto, sabréis bien lo duro que resulta a veces renunciar a muchas cosas y dedicar el tiempo libre que nos queda a ensayar y a actuar mientras que nuestros amigos están en una terraza tomando una caña o en la piscina disfrutando del buen tiempo. Pero es en momentos como los que vivimos en este viaje, cuando te das cuenta de que todo el esfuerzo se ve después recompensado por dos. Fue un placer compartirlo con vosotros, compañeros, amigos, familia.



NOS LLAMAN LOCOS, Y PUEDE QUE LO SEAMOS, PERO PARA ENTENDERLO HAY QUE VIVIRLO. 

viernes, 8 de julio de 2016

TURQUÍA, DEL INSTITUTO A UNO DE LOS PAÍSES MÁS HERMOSOS

Hoy quiero hablaros de un viaje muy especial. Fui muy afortunada. Hace nueve años tuve ocasión de conocer uno de los países más bellos que para mi gusto, existen.

Corría el año 2007 y con motivo del final de nuestra etapa en el instituto preparábamos un viaje especial. Esta vez no iba a ser una excursión a un museo, ni un día de convivencia en el pinar del pueblo. Esta vez…era algo más serio (y menos económico, todo hay que decirlo). Recuerdo perfectamente una reunión en el salón de actos del instituto para decidir entre todos los destinos que teníamos pensados: Praga, Viena y Budapest… Grecia… Túnez… Italia… Queríamos algo fuera de lo habitual, un lugar que si no fuera en esta ocasión difícilmente podríamos conocer.

Finalmente… Turquía fue el país escogido. Es cierto que muchos padres recelaron de nuestra decisión y no dejaron acudir a sus hijos para evitar los riesgos que este viaje podía conllevar. Pasamos el curso entero vendiendo polvorones en Navidad, claveles con mensajes amorosos en San Valentín, haciendo fiestas… todo para hacer más económico este viaje.

Es cierto que en las informaciones previas al viaje nos metieron bastante miedo. Era época de elecciones en un país bastante dividido no sólo geográficamente, también a nivel político. Atentados, conflictos, política, religión, infravaloración de la mujer… pero sobretodo una cultura muy diferente a la nuestra. “No llevéis pantalón corto, ni minifaldas, ni camisetas de tirantes o con demasiado escote”, “evitar siempre quedaros solos, sobretodo en el caso de las mujeres”, “beber alcohol está prohibido, y que a nadie se le pase por la cabeza fumarse algún porrillo”, “las cárceles turcas son verdaderos infiernos”, “dejar propina es obligatorio”, “los taxistas conducen como locos”… Estas fueron algunas de esas recomendaciones que nos tuvieron “acojonados” a nosotros y a nuestros padres los días anteriores al viaje.

Y por fin llegó el 22 de marzo, el día del viaje. Ahí estaban todos nuestros padres despidiéndonos como si no fuéramos a volver. En mi caso, había pasado toda la tarde eligiendo qué meter en la maleta y qué dejar en casa (siempre he pensado que las compañías aéreas deberían aumentar el peso legal. Jajajajajaja), y pesando la maleta una y otra vez, hasta que milagrosamente alcancé el peso permitido en el avión. Por cierto, era la primera vez que pisaba un aeropuerto y que cogía un avión, por lo que los nervios eran mayores. Además habíamos hecho un montón de planes para estos días; era nuestro primer viaje de amigos y compañeros y llevábamos un programa de actividades bastante completo.

“El vuelo con destino a Estambul va a efectuar su salida”. Por fin, la llamada para embarcar.

DÍA 1: MEDINA DEL CAMPO – MADRID - ESTAMBUL
Después de seis horas de avión  al fin llegamos a Estambul, fuimos directos al hotel, y después, de nuevo nos subimos al autobús para hacer una visita panorámica recorriendo los puntos más emblemáticos de la ciudad, entre los que destacaron:

La Mezquita de Solhiman el Magnífico: construida entre 1550 y 1557 por encargo del sultán Solimán. Es otra de las mezquitas más espectaculares de Estambul. Se dice que en los tres primeros años de construcción unas 3000 personas excavaron y construyeron una base de roca de unos 7 metros de profundidad. Su coste fue de lo equivalente a 60 millones de euros.

-     La Mezquita Azul (mezquita del Sultán Ahmet): construida entre 1603 y 1617, es la mezquita más grande y fastuosa de Estambul. Fue construida junto con una madersa (escuela coránica), un asilo, un centro comercial de artesanía, un kervansaray (alojamiento para los camellos de las caravanas), una fuente y un “külliye” (complejo socio-religioso). Para su construcción eligieron un antiguo hipódromo romano, cercano al Palacio de Topkapi. Está construida con 21.043 azulejos que fueron hechos en los talleres del palacio , las alfombras de cientos de metros cuadrados fueron tejidas en los telares imperiales, y los cristales de las lámparas de aceite fueron traídas del extranjero.

-       El Cuerno de Oro: es un impresionante puerto natural que se extiende por cerca de 8 km y divide el lado europeo de la ciudad en dos partes: la ciudad vieja y la parte de Gálata. Fue llamado así por las tierras fértiles que lo rodeaban, por la gran variedad de peces y por la belleza de su forma parecida a un cuerno.

Y para finalizar la jornada, una visita al Bazar Egipcio, más conocido como el Bazar de las Especias. Es uno de los mercados más antiguos de la ciudad y uno de los mejores lugares para adquirir productos típicos como especias, dulces o frutos secos. Su nombre proviene de cuando Estambul marcaba el final de la ruta de la seda y era el centro de distribución en Europa. Desde el siglo XIII comerciaba especias con Venecia, y en el siglo XV las especias llegaban a India y hasta Egipto, y de aquí a Estambul por el Mediterráneo.

DÍA 2: ESTAMBUL – BURSA – ÁREA DE ESMIRNA
El día siguiente, después de desayunar, de nuevo subimos al bus (la verdad es que pasamos miles de horas subidos en un autobús. Un detalle curioso es que el conductor del mismo lo limpiaba cada vez que parábamos en una gasolinera). En un ferry cruzamos el Mar de Mármara hasta llegar a Iznik, la antigua Nicea. Aquí visitamos las ruinas de la Catedral de Santa Sofía y la Mezquita de Çinili.

En Bursa realizamos un tour por la ciudad, donde vimos entre otros, la Mezquita y el Mausoleo Verde. Realmente una maravilla arquitectónica en la que cabe destacar el color de sus azulejos, que en la antigüedad eran de color azul turquesa pero que tras un terremoto a mediados del siglo XIX se cambiaron por el color azul verdoso que conserva hoy día (raro que se llame Mausoleo Verde o Yesil Türbe). También visitamos el Gran Bazar, la gran Mezquita de Ulu y el Kozahan (donde se encuentra el mayor comercio de capullos de seda).

Terminado este tour nos dirigimos hacia el barrio de Hisar, donde visitamos los mausoleos del Sultán Osman (fundador del Imperio Otomano) y de su hijo Orhan Gazi, que estuvo al frente del ejército que conquistó Bursa.

De nuevo en el autobús, nos desplazamos hacia el área de Esmirna donde haríamos noche.

DÍA 3: ÁREA DE ESMIRNA – EFESO – PAMUKKALE – DENIZLI
En nuestro tercer día de viaje, tras desayunar nos desplazamos hacia el complejo monumental de Efeso, que en 2005 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. En su interior se encontraba una de las siete maravillas del mundo clásico, el Templo de Artemisa del S. III A.C. (Templo dedicado a la “Señora de Éfeso”, una divinidad de múltiples pechos) el templo de Artemisa era el mayor templo de la antigüedad, con 20 columnas de unos 20 metros de altura, de las que sólo sobrevive una. Cuenta la leyenda que la fundación de esta ciudad estuvo en manos de una amazona llamada Esmirna (por eso tuvo este nombre). En este mismo lugar pudimos ver el Gran Anfiteatro, la Biblioteca de Celsio y la Fuente de Adriano. Aún hoy en día este lugar no ha sido excavado por completo, pero lo que podemos ver nos hace hacernos una idea de su gran esplendor.

Después de visitar este increíble lugar, nos desplazamos a Meryem Ana Evi, que en castellano significa “Casa de la Virgen María”. Es un lugar religioso cristiano muy cerquita de Éfeso, en el monte de Panayair, donde, según cuenta la tradición, Juan el Evangelista llevó a la Virgen María después de que Jesucristo fuera crucificado para protegerla de las persecuciones en Jerusalén. Allí permaneció hasta su Asunción, según los ortodoxos. La casa, que ahora es un lugar popular de peregrinaje, recibió la autorización oficial del Vaticano. El Papa Pablo VI visitó el lugar en 1967 y confirmó su autenticidad.

Nos trasladamos a visitar uno de los lugares más bellos que he visto jamás. Sin duda alguna, de los que más me gustaron de Turquía. Pamukkale, famoso por sus cascadas calcáreas petrificadas conocidas como las “Cascadas de algodón”, que se formaron a causa de la gran cantidad de
cal del agua que emana de allí. Allí pudimos mojarnos los pies y vivir una verdadera experiencia rodeamos de este impresionante paisaje. Visitamos su impresionante Necrópolis, una de las más ricas y mejor conservadas de Asia Menor.

DÍA 4: DENIZLI – KONYA – CAPADOCIA
A la mañana siguiente nos desplazamos a Konya (ciudad con casi un millón de habitantes), antigua capital del imperio Selyucida y cuna del sufismo en Asia Menor. Según el cristianismo, aquí nació Santa Tecla. Visitamos el Mausoleo de Mevlana, lugar donde fue sepultado Yalal ad-Din Muhammad Rumi en 1273, poeta místico y fundador de la orden de los Derviches Danzantes o Derviches Giróvagos (imagen típica de este país). Esta ciudad es una de las ciudades turcas más conservadoras en materia religiosa, llegó incluso a ser conocida como “la Ciudadela del Islam”.

Después de comer visitamos la Ruta de las Caravanas. Los caravasares (o posadas) fueron construidos en el siglo XIII por los sultanes de Rum. Su interior recuerda a la nave de una iglesia medieval. Uno de los Caravasares mejor conservado es el Karavanserai de Sultanhani o del Sultán Han (de 1229). Se cuenta que en la época medieval el comercio dependía de caravanas de camellos, y se cree que era aquí, en esta especie de posadas, donde paraban a descansar las caravanas y los comerciantes que las formaban.

DÍA 5: CAPADOCIA
Todo el quinto día del viaje lo pasamos visitando la región de Capadocia, región con un fascinante paisaje lunar, centro religioso desde los primeros años del cristianismo. Sus habitantes construyeron sus viviendas, iglesias y conventos excavados en la roca. Cuentan que cuando los persas ocuparon Asia Menor la dividieron en provincias. Los habitantes de esta provincia fueron forzados a pagar los tributos con caballos. Este hecho fue el origen del nombre de la zona, “Katpatuka” o “país de los hermosos caballos” (actualmente Capadocia).

Por la mañana recorrimos el valle-museo de Goreme (un museo al aire libre Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1984), compuesto por decenas de monasterios colocados lado a lado, cada uno con su propia iglesia excavada en la roca y con pinturas rupestres murales que aún conservan sus colores originales; y el valle de Zelve (otro museo al aire libre), con su característico paisaje lunar, siendo un lugar en el que musulmanes y cristianos convivieron en perfecta armonía hasta 1924. Hoy en día es un pueblo fantasma por el alto grado de erosión que tiene, y el peligro que esto supondría en la convivencia en el lugar.
Por la tarde visitamos los pueblos de Uchisar o Ortahisar, donde pudimos contemplar las antiguas casas trogloditas. También visitamos Avanos o Urgup, donde pudimos ver algunas de las tiendas de alfarería o artesanía típica de la región, y una fábrica artesana de alfombras, donde nos hicieron una exhibición de las famosas “alfombras voladoras” como la de Aladín.

DÍA 6: CAPADOCIA – ANKARA – ESTAMBUL
El sexto día, tras desayunar, visitamos una de las ciudades subterráneas de la región. Al parecer los antiguos pueblos de la zona, para defender la vida contra los ataques de los enemigos construyeron en túneles subterráneos, habitaciones, cocinas e iglesias.

Tras almorzar salimos rumbo a Ankara, una de las principales ciudades turcas, con aproximadamente 4 millones de habitantes, pasando por el Lago Salado en la Meseta Central y el segundo en importancia en el país. A nuestra llegada realizamos una visita a la ciudad:

        Museo Hitita de las civilizaciones: en el interior de un edificio del siglo XV que fue construido para mercado. Su restauración y reconstrucción empezó en 1938 y duró 30 años. En 1997 fue premiado como el museo de Europa. Con hallazgos de la época paleolítica, neolítica, de los hititas, urartus, asirios y frigios forman uno de los museos más interesantes y ricos del mundo.

   Mausoleo de Atatürk: el 1938, a la muerte del fundador de la república, surgió la idea de construir un mausoleo. En su interior encontramos un bloque de mármol de 40 toneladas que nos indica el lugar donde está enterrado, bajo 7 metros, en el interior de una cámara.

Al finalizar esta visita, de nuevo regresamos a Estambul.

DÍA 7: ESTAMBUL
El penúltimo día de viaje lo pasamos completo en Estambul. Aún nos quedaba mucho por ver. Esta vez aprovechamos para ver el Palacio de Topkapi y Santa Sofía.

Palacio de Topkapi: uno de los lugares históricos más importantes para visitar en Estambul, con aproximadamente millón y medio de visitantes al año. Fatih Sultán Mehmet ordenó construirlo  en 1475 sobre unas ruinas romanas y durante siglos todos los sultanes fueron enriqueciéndolo y ampliándolo con nuevas construcciones hasta el siglo XIX cuando lo abandonaron. 5 kilómetros de murallas rodean el palacio, que ocupa unos 700000 kilómetros cuadrados (para que nos hagamos una idea, el doble que el Vaticano y la mitad de Mónaco).

Santa Sofía: considerada la obra más grande y sagrada de la época Bizantina. fue utilizada como iglesia durante 916 años, hasta la conquista de Estambul en 1453. Después, y hasta 1934 fue utilizada como mezquita, y posteriormente como museo. Es la cuarta iglesia más grande del mundo que tiene un área cubierta, después de San Pablo en Londres, San Pedro en Roma y el Duomo en Milán. Se la conoce como Aya Sofía, que es uno de los tres títulos dedicados a Dios: Aya Sofía (sabiduría divina), Aya Irene (Santa Irene, quietud y paz) y Aya Dinamis (poder sagrado).

Por la tarde, nos embarcamos en un crucero por el Estrecho del Bósforo, que conecta en Mar Negro con el Mar de Mármara y separa Estambul en dos partes: la europea y la asiática. Su longitud total es de unos 30 kilómetros y su anchura va desde 700 metros hasta 4 kilómetros. En este crucero pudimos ver la parte más bonita de Estambul y una de las zonas más caras, con sus palacios y chalets. El nombre significa “vado de vaca” y proviene de la mitología griega: Zeus convirtió a su amante Io en una vaca para protegerla de Hera, su esposa, pero esta se enteró y mandó a un mosquito para molestarla. Intentando huir de este, lo se ahogó en el estrecho.  

Para finalizar, una visita al impresionante Gran Bazar, uno de los mercados más grandes y más antiguos del mundo, con unos 45000 metros cuadrados, unos 20000 trabajadores, más de 3600 tiendas, 64 calles, 22 puertas... Para los amantes de las compras y para los que no, una verdadera maravilla.


DÍA 8: ESTAMBUL – MADRID – MEDINA DEL CAMPO
Por ser el último día, todos madrugamos bastante para aprovechar las últimas horas libres realizando las últimas compras en la ciudad, y disfrutando de nuevo del Gran Bazar.

Sobre las 5 de la tarde, de nuevo, subimos al avión que nos devolvía de vuelta a la realidad y a España.




CURIOSIDADES DEL VIAJE:

+ Ni que decir tiene que nos hartamos a comer kebab de todo tipo (enrollado, en plato, en fajita, etc). Desde mi regreso a España no he vuelto a probar uno y simplemente su olor me revuelve el estómago.

+ Ofrecer té a los visitantes es una tradición turca. En todos los establecimientos nos ofrecían una tacita, y rechazarlo era visto como una ofensa por lo que… el té es otro de los productos que no he vuelto a probar.

+ Los turcos toman yogur en casi todas sus comidas. Aquí lo conocemos como yogur griego, pero la historia del Imperio Otomano nos recuerda, que griego o turco, su origen es el mismo.

+ Lo peor de Turquía en cuanto a su gastronomía es sin duda sus desayunos. Aún recuerdo nuestra cara de decepción cuando bajábamos al buffet del hotel esperando encontrar una taza de leche con Cola-Cao y unos bollos con chocolate, y lo único que encontrábamos eran aceitunas, alubias y té (dicen que el desayuno tiene que ser consistente pero tanto…no sé yo si es bueno. Jajajajajaja).

+ Regatear en los mercados, otra tradición turca. La primera venta de la mañana era casi regalada. A mí lo de regatear nunca se me ha dado bien, así que siempre tenía que ir a comprar acompañada de algún compañero más espabilado. Preguntabas el precio de un producto y así, de buenas a primeras te pedían 50 euros. Al final acababas pagando 8 o 10 euros, entonces te dabas cuenta de que o espabilabas o te sangraban.

+ Era supergracioso que los turcos te persiguieran por los bazares para venderte algo, y cuando te preguntaban que de dónde venías y respondías que de España, todos nos decían lo mismo: “Rocío Jurado”, “Real Madrid”.

+ Viajar en tranvía era toda una odisea, pero hacerlo en taxi…era jugarte la vida. Los taxis circulaban a toda velocidad atravesando entre peatones, tranvía y resto de vehículos, sin respetar las señales ni nada.

+ Bueno, no sé de qué señales hablo, porque señales de tráfico vimos muy poquitas.

+ Nos pasamos todo el viaje escuchando en todos los sitios la versión en turco de la canción "la muchacha turca", excepto en una fiesta privada en la que coincidimos con un grupo de navarros, en la que nos pusieron temazos como "la bomba" de King África, "la Macarena" o "Paquito el Chocolatero".

+ Nos dijeron que el alcohol estaba prohibido, pero nos dieron a probar el licor típico de Turquía: una especie de vodka con unos 40º de alcohol que se mezclaba con una especie de anís y se rebajaba con agua. He de reconocer que esa noche a todos se nos fue un poco de las manos, y es que aquí en España somos más de Yllera 5.5 o de calimocho fresquito. xD.

+ Por supuesto, no podíamos abandonar Turquía sin probar los famosos “baños turcos”. Primero la sauna, y después nos metíamos en una ducha de agua calentita y nos teníamos que echar agua helada por encima, para finalizar con un súper masaje en manos de un lugareño.

+ En el caso de las mujeres, no faltaba en nuestro bolso un pañuelo y unos calcetines gordos para poder entrar en las mezquitas.

+ Y eso de que en los mercados ofreces productos a cambio de mujeres…pensábamos que era una leyenda urbana, pero por mí ofrecieron 10 camellos y 50 ciervos. Alguno… seguro que se pensó lo de cambiarme. Jajajajajajajaja.

+ El lema nacional de Turquía es “Yurtta Sulh, Cihanda Sulh”, que significa: “Paz en casa, paz en el mundo”. Con este lema, me gustaría rendir un pequeño homenaje a las víctimas del atentado en el aeropuerto de Atatürk la pasada semana, para que se cumpla la paz en el mundo. Aunque me duele decirlo, ha sido esta triste noticia la que me ha llevado a escribir esta entrada.




Pero si hay alguien a quien me gustaría dedicar esta entrada, es sin duda a mis antiguos compañeros de instituto, y compañeros de aventuras en este viaje tan especial. Quizá fue aquí cuando se separaron nuestros caminos, de hecho, a muchos de ellos no les he vuelto a ver. A otros muchos les veo casi a diario. Pero sea como sea, este viaje fue irrepetible e inolvidable para todos nosotros. Así que, desde aquí, un saludo para todos ellos y espero que si lo leéis, recordéis buenos momentos como he hecho yo mientras lo escribía.

Un especial saludo a todos.